Características

  • Título del libro DOLORES CASTRO 90 AÑOS PALABRA Y TIEMPO
  • Autor 2014, Carlos Pineda
  • Idioma Español
  • Editorial uaa
  • Formato Papel
  • Género del libro Ciencias sociales y humanísticas
  • Subgéneros Historia
  • Tipo de narración Historica
  • ISBN 9786077796701

Descripción del producto

Dolores Castro 90 años, palabra y tiempo
25 FEBRERO, 2014| CULTURA HOY MAÑANA Y SIEMPRE| VIEWS: 77
Manuel Andrade



Primero que nada debo agradecer a Gustavo Peñalosa la invitación para compartir esta mesa con dos poetas que admiro profundamente. Dolores Castro, a quien está dedicado este homenaje, y Mariana Bernárdez, autora de dos de loa textos que reúne el libro que vamos a presentar. Gracias también a Carlos Pineda, el discreto coordinador editorial de este volumen. Enseguida, también, debo disculparme públicamente por estar aquí, ya que yo fallé al no entregar a tiempo el texto que estaba escribiendo para este volumen y de todas manera fui incluido con el texto de presentación de la antología que preparé para la colección Lecturas mexicanas.

Mi disculpa tiene que ver con que no estuve de acuerdo con dicha inclusión y la acepté a regañadientes, y pues ahora, lo que son las cosas, estoy muy contento de que así haya sido. Me explico, deseaba participar con otro ensayo y luego que he visto y leído el libro me hallé de pronto con un sentimiento muy peculiar. Siento que se cerró para mí un ciclo que se abrió cuando Carlos Mapes me pidió que hiciera la antología de Dolores Castro. Ese libro salió en 1990, hace casi 24 años, y su prólogo, ha sido citado hasta la nausea y publicado varias veces, pues fue durante un tiempo si no el único, uno de los únicos ensayos sobre la obra de Dolores Castro.

Es preciso admitir que su único mérito fue su anticipación. Después, pero gracias a eso he asistido a múltiples festejos, presentaciones y homenajes, con distintos motivos, sobre la poesía de Dolores Castro, con textos que finalmente se ensamblaron en el librillo que acompaña el disco de la colección Voz Viva que publicó el año pasado la Dirección de Literatura de la UNAM. Pero en realidad no había tenido la ocasión de preguntarme qué ha pasado en todos estos años, qué ha cambiado entre aquella breve antología y las obras incompletas de Dolores Castro publicadas por el Fondo de Cultura Económica en 2011.

La verdad, lo que se antoja mucho después de leer este libro es retomar la labor del antólogo y leer de nuevo la obra poética de Dolores Castro, acrecentada, calculo, que en un sesenta o setenta por ciento desde entonces, y emprender de nuevo la tarea de escribir sobre ella como si la suya fuera una sola y la misma voz. Para mi fortuna, hoy ya no estaría solo en ese empeño, pues la apreciación crítica sobre la obra de Dolores Castro se ha multiplicado entre cuarenta y ochenta veces. El conocimiento que el público tiene de su autora se ha incrementado a la par, dejando de ser sus seguidores una secta para convertirse en una iglesia. Así que las luces que podría tener de esos afanes críticos para guiar mi labor serían verdaderos faros comparados con las velitas que había en el año 90.

De esos faros vamos a hablar precisamente. Por ello me disculpo de nuevo y agradezco a los compiladores de esta obra magnífica, que le hayan dado lugar a esa antigua Presentación, sin merecerlo, y que de esa manera me hagan participar de tal celebración. Desde que recibí mi ejemplar, el viernes pasado, me quedó una sensación que quiero compartir con ustedes: era como si estuviera viendo una ciudad donde no había nada y donde pusimos un ladrillo, si quieren de una choza. Un ladrillo puesto sin intención, con inocencia, sin saber lo que seguiría ni hasta donde llegaba, y con absoluta buena fe…

Luego, la gozosa lectura de cada ensayo me despertó la misma urgencia de regresar a la lectura de Dolores Castro, para ver esa obra completa que siempre está incompleta, y observar desde aquí, muchos años después, cómo se embonan ahora sus partes. Cada ensayo contribuía a la certeza de que al final no quedaría mucho de aquella lectura que hice hace tantos años ni de las lecturas parciales que, libro a libro, hemos hecho desde entonces. Que la poeta ha cambiado también lo suficiente como para ya no reconocerse en aquella presentación, ya que sigue en constante creación y en constante movimiento…

Así que me puse primero a ver el libro que me gustó mucho, porque está muy bien hecho y luego a leerlo a cachos y a disfrutarlo sin orden, a enseñarle las fotos a mis hijos y a mi esposa, hasta que por fin me puse a leerlo de cabo a rabo y a subrayarlo por todos lados, y a escribir las precipitadas notas que siguen, que son una invitación a su lectura y una celebración de su existencia.

El libro, además de bien hecho está muy bien escrito, salvo la antigua presentación del año noventa. Otra hay que en realidad era un epílogo, escrito por el maestro Avilés, pero ambas son parte solo del homenaje, y dejan intacto el valor unitario del volumen, toda vez que éste está dispuesto, y se nos explica, en tres partes: la primera reúne una serie de ensayos académicos y se titula Celebraciones críticas; la segunda, se llama Conversaciones de sobremesa y se compone de charlas, entrevistas, testimonios, incluso cartas; la tercera es una breve iconografía.

Poco que decir y mucho que recomendar del excelente trabajo editorial. Así que para cumplir con mi cometido sólo voy a abordar a vuelapluma los textos que componen este homenaje, pero les anticipo que he quedado deslumbrado por la calidad de cada una de las intervenciones.

El libro se abre con una brillante aproximación del investigador Jorge Asbun Bojalil a El corazón transfigurado. Se trata de un texto de una gran calidad argumentativa e interpretativa, que arriba a la siguiente conclusión: que el poema es uno de los grandes textos de la primera mitad del siglo XX mexicano. Pues me hizo volver a leerlo y volver a encontrarlo casi impenetrable, a pesar del texto que me invitó a leerlo y, como éste mismo apunta, muy lejano de la poesía de su autora. Por arriba del decir campean las ganas de decir, y aunque se siente fresco y juvenil no es la mejor poesía de Dolores Castro.

Sin embargo, la exégesis que logra Asbun es extraordinaria, por minuciosa, por literaria, por ese preclaro afán de encontrar el significado, el tono, las influencias. Es un trabajo que conmueve y que logra su cometido, despertar la curiosidad y llevarnos de regreso al texto. Hubo un momento en que a mí también se me antojaba que fuera uno de los ejes poéticos del siglo XX. Algo hubiera cambiado en nuestra tradición, y quizá el barroquismo no tendría tan mala prensa.

Pienso que los grandes poemas no viven adentro de los libros, sino que imantan el idioma, influyen en las generaciones, en las formas y en las temáticas. Al final no importa, pero lo bueno de un texto como el de Jorge Asbun es que mueve al debate y da la posibilidad de imaginar lo que hubiera pasado si… Si El corazón transfigurado hubiera tenido mucho éxito, y su autora hubiera querido o hubiera tenido que permanecer escribiendo de esa forma… quizás no estaríamos aquí. No le quito nada al texto ni a su maravillosa explicación al asumir su limitado valor de germen, anterior a la formulación de la poética de Dolores Castro. Con él, como bien dice el autor del ensayo, podemos entender mejor la obra de Dolores Castro.

Ya dije en otra parte que en mi antología faltó al menos un fragmento de este poema. El día que la presentamos, Elva Macías lo reclamó, pues, como a mucha gente, le encantaba. Le tuve que decir la verdad en un aparte: Que fui obligado por la autora a dejarlo fuera. Que lo único que la maestra me pidió cuando supo que iba a hacer la antología fue que no incluyera ese texto, que hiciera como si no lo hubiera visto. Así, que ni siquiera lo mencioné. De manera que no me gusta porque Dolores Castro me enseñó a que no me gustara. Ahora, ya hasta lo consiente, pero hubo un tiempo en que no lo pasaba.

En el siguiente texto, también espléndido, titulado La poética de Dolores Castro, Benjamín Barajas lo deja muy claro y acaso haya que creerle. El corazón transfigurado le parece “una especie de prólogo o puerta de entrada, si se quiere, a su universo poético”. Afirma que en él están ya los principales temas de toda su poesía. Con esto comienza a desarrollar una serie de temas capitales y de recursos recurrentes en la obra de Castro, que son verdaderas directrices para comprender su poética; habla de la creación verbal, del trabajo poético, de la conciencia del oficio, del tratamiento de las imágenes, de la mesura, la contención y la media luz, así como de la ironía y de la aparición de la conciencia social. Todos elementos importantes para establecer en el siguiente apartado la poética, el lenguaje y el estilo de Dolores Castro, mediante un análisis que no pretende garantizar que estamos frente a una gran poesía, sino trabajar una interpretación donde el protagonista principal es un lenguaje literario que ha sido propositivamente erosionado por el habla hasta perder su literaturidad. Yo le llamo a eso la gran transformación de su poesía, pero quien lo enuncia es Benjamín Barajas: “la poesía de Castro renuncia a la elegancia y a la ornamentación para ganar en sencillez y hondura poética”.[i]

Mientras Asbun se regocija con El corazón transfigurado y Barajas hace el recorrido de una gran parte de la poesía, buscando directrices estéticas, Mariana Bernárdez se encuentra con el penúltimo libro de la autora y se da con él un entre verdaderamente sensacional, pues éste es un libro incómodo titulado Algo le duele al aire, que a Bernárdez le parece desconcertante, pero que al mismo tiempo la pone muy en vena poética para responder por su lectura. No quiero ahondar en este texto porque su trasfondo nos hiere a todos y necesitaríamos respirar y detenernos más de lo posible. Sólo voy a citar un párrafo para así invitarlos a leer el ensayo, y para que vean como una poeta lee a otra y la vive recreándola:

El hombre es su lenguaje y el lenguaje está destinado a ser fracturado una y otra vez como parte de su complejísima subsistencia y ésa es una lección que incluso el rostro más indomable no debe olvidar en el ejercicio de su falso poder. Todo cuchillo tarde que temprano, habrá de caer de la mano que lo empuña; así como todo grito habrá de elevarse en canto” [ii].

Mariana Bernárdez encuentra aquí una poeta capaz de quedarse a la intemperie, que gana la esperanza por el canto.

Naturalmente a estas alturas del libro yo estaba ya fascinado, leyendo y disfrutando de cada página y subrayando tanto, que mejor dejé de hacerlo, porque el libro seguía y seguía, encantador.

El texto de Elisa Buch goza de ese placer que da confundir al autor con la obra y explicar la una por la otra, valiéndose de la biografía y la declaración, más que de la poesía y de la lectura. A Buch le estorba gratamente su conocimiento de la autora y de sus citas, pues cree que la persona a la que tan amablemente visita o a la que lee cuando habla de su poesía, es la misma que escribe los poemas que conforman la extensa obra de Dolores Castro. De su texto me quedo con la parte dedicada a Oleajes y con su necesidad de acercarse a la poesía por la parte sensible y biográfica. De su lectura aparece una poeta emotiva para la que lo sagrado se confunde con el lenguaje o es el propio lenguaje.

Ana Corvera, por su parte, nos ofrece tres viñetas portentosas sobre poemas de animales voladores, para mostrarnos ciertos mecanismos de la poesía de Castro, partiendo de su clasificación como poesía católica y del consabido deseo de conocer mediante la poesía que la caracteriza, más allá del propio catolicismo. Una verdadera curiosidad de donde surge la primera de varias poetas para mí desconocidas y que también son Dolores Castro. Con toda razón su texto se llama tres voces líricas de Dolores Castro.

Para finalizar esta primera parte, ya de por sí completa, muy bien lograda y balanceada, que va tocando distintas estaciones y registros, hay todavía dos grandes ensayos. En el primero, titulado “Soledad de vida y muerte”, Mariana Mercenario lee y desmenuza la influencia de los antiguos mexicanos en el poemario Soles, haciendo un recuento de dioses, de soles, de cosmogonías, para explicar su temática como el rito iniciático hacia una identidad madura, mediante la exploración de lo sagrado y lo originario. Aquí surge una poeta que ya estaba ahí desde mis tiempos, pero que yo nunca había visto tan claramente y que me regocija, pues casa a la perfección con las nuevas visiones de sus búsquedas de la tierra, de las ruinas, del origen.

La segunda es la estupenda interpretación de Sonjia Stajnfeld, que a partir de una entrevista aún inédita hace el análisis de la luz y de la búsqueda de la luz en el poemario Asombraluz y que nos pone frente a otra poeta del todo desconocida, que tiene largos y saludables contactos con lo sagrado, una poeta que desde la contemplación ejerce el control completo del proceso creativo.

Daban ganas, ya después de estos ensayos, de ponerlas a platicar: en una mesa a Buch, a Benardez y a Corvera, cada una sobre un libro o sobre un tema diferente, y en otra, a la propia Dolores, a Mercenario y a Sonjia, a analizar los elementos comunes en la investigación que hacen de Soles y de Asombraluz. Sí claro, puras mujeres.

Para comenzar la segunda parte, aparece la autobiografía poética, o el poema hecho vida, que ya había publicado Mariana Bernárdez, que se titula Crecer entre ruinas, y que puede ser un magnífico primer acercamiento a la Dolores Castro personal, después de leer su obra. Es un texto magnífico, pulido hasta el extremo, que seguramente ya ha sido fuente de inspiración y fanal de muchos investigadores. En él se hace la narración de la evolución vital y artística de Dolores Castro, la cual, ahora lo sabemos, es un viaje de la ruina a las palabras, periplo en el que puede despojarse de la angustia y disolver el nudo de sensibilidad que era, desnudándose a través de la poesía y encontrando que la poesía es la llave para entender el mundo. Un texto fundamental para saber qué se propuso Dolores Castro, pues en él la poeta analiza su obra, propone una periodización y teje algunas afirmaciones sobre su propio quehacer y búsquedas, con respecto a la contemplación, el paisaje, el regreso al origen, la reconstrucción, el orden, lo sagrado y la fe. Una verdadera lección que queda como un anexo de su obra, en donde todo aquello que deja un lado al escribir el poema, resuena como cosa viva y real.

Otro tanto, pero en otro sentido pasa con la Tarde de febrero en casa de Lolita Castro de Guadalupe Dávalos Macías a quien más que la poesía le interesa el horizonte vital de la autora quien hace también un recuento de la obra, pero en términos más mundanos: de su trayectoria artística pero hablando de lo vivido. Primero de la poesía, de los primeros poemas, de la diferencia entre EL corazón transfigurado y la obra posterior, de lo que significó Cantares de vela, de la influencia de los antiguos mexicanos en Soles, de los años sin publicar porque no había quien editara, de cómo se van sucediendo los libros y luego las antologías.

Pero el recuento, que llega hasta Sombra domesticada que en el momento de la entrevista se llama todavía 17 poemas, acá se extiende a la vida, a los recuerdos de infancia, a los padres y abuelos, a su relación con Zacatecas, con López Velarde, con la ciudad de México, con la familia, en un recuento donde vuelve aparecer la poesía como “Una necesidad de entender al mundo y de entenderme. Esa necesidad no es pacífica, es algo que de pronto estoy dormida y me despierta y pienso, sí claro, ésta es la veta, sí, claro, por aquí. Entonces quiero expresarlo”.[iii]

Por su parte, en “El silencio imposible”, Elsa Rodríguez Brondo hace, desde el recuerdo de la voz de Dolores Castro, un retrato literario, hilando sus memorias de veinte años de conocerla a la lectura de su obra que según nos dice, emocionada, ella suele leer con la voz de la propia maestra, y a quien le parece que el libro Soles supone una ruptura en el devenir de su obra. Un homenaje algo apresurado pero muy emotivo.

El siguiente apartado en cambio uno quisiera que fuera una novela, un documental y una película. Pero para desgracia nuestra es solamente una serie de imágenes casi de postales, más imaginarias que reales pero que dibujan la amistad entre Dolores Castro y Rosario Castellanos, su viaje a París y a Madrid, y el trato que se dan una a otra mientras crecen, cuando la amistad se abre al gran grupo de escritores que estudiaban en Mascarones. Viñetas interrumpidas por citas de poemas y de charlas con la poeta en las distintas fases de una larga y grata convivencia. Es de Marisa Trejo Sirvent y se va como agua.

Y, por si fuera poco, para finalizar la sección, tenemos dos cartas: una en la que Luz Elena Zamudio comenta breve pero atinadamente la estancia II del poema Soles, uno de mis favoritos; la otra, una facsimilar de Rosario castellanos y Dolores Castro a Efrén Hernández, verdadera joya para las víctimas del fanatismo literario.

Así que los aciertos son mayoría y legión en esta obra que reúne todos los requisitos para servir de homenaje a una de nuestras poetas más interesantes, fecundas y complejas y, como espero se haya visto, revelan varias poetas distintas a la que habíamos imaginado, todas las cuales son Dolores Castro. Yo les aconsejo que por ningún motivo se queden sin leerlo, porque sé que lo van a disfrutar y van aprender un montón de cosas sobre las diferentes facetas de nuestra autora.

Yo aquí termino, pero el libro en comento todavía continúa, ya que para terminar trae un álbum de fotos, que por familiar ya no les voy a comentar. Sólo les cuento un chisme: en la página 292 se están casando mis suegros.

Dolores Castro 90 Años Palabra Y Tiempo

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