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Antologia Del Cuento Oaxaqueño

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Características principales

Título del libroAntologia del Cuento Oaxaqueño
AutorManzo, Manuel Matus
IdiomaEspañol
Editorial del libroUniversidad Autonoma "Benito Juárez" de Oaxaca

Otras características

  • ISBN: 9786079305710

Descripción

ANTOLOGÍA DEL CUENTO OAXAQUEÑO
Apareció ya en la Colección Las Quince Letras la antología del cuento oaxaqueño. Como se sabe y ya hemos reseñado aquí, esta edición es obra del Instituto de Investigaciones en Humanidades de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. La siguiente es su portada:



La viñeta es una capitular de la letra "k" por Edith Chávez.

Dejemos que el antologador y autor del ensayo introductor, Manuel Matus Manzo, nos ofrezca los motivos y razones de su más reciente libro:


LO QUE SE CUENTA DEL CUENTO

¿Qué es el cuento? Sabemos qué es un cuento —una narración breve—, pero podemos encontrar definiciones variadas. Dice Julio Cortázar que el cuento ha de imponerse al lector de un solo golpe; pues es una narración corta, un solo tramo de tiempo, como un personaje a quien le sucede algo particular; y de preferencia se lee de una sola sentada. También es una identidad, una conciencia, una definición. Contar y encantar son premisas del cuento.
¿Cuándo habrá comenzado entre nosotros a escucharse un cuento? Cuando comienza el habla y da razón de la lluvia, del maíz, de los animales y sin duda: de los dioses. Lo divino debió jugar un papel muy importante en la imaginación narrativa. Siempre tenemos un antes y un después, medido por el tiempo de la Conquista con la nueva lengua, el castellano. No es aquí la intención de abarcar lo antropológico. Nuestra labor es más modesta, más actual, que tiene que ver con el asunto de la lectura, por eso el acercamiento con los estudiantes. La primera forma de contar que tenemos presente por tradición oral es el mito, que nos da razón imaginaria del origen de las cosas y de lo humano; las leyendas, lo sobrenatural, las mentiras.
Lo que un cuento cuenta no es para creérsele, y a pesar de eso nos puede poner contentos o tristes, ¿entonces? Estamos atentos del que cuenta, luego preguntamos: ¿y qué sucedió? Hay sociedades en las que el cuento es elemento didáctico educativo. En México todavía en la década de los sesenta del siglo pasado, los maestros contaban cuentos al atardecer. Luego programas y horarios fueron modificados, y esa importancia se minimizó. La palabra perdió sus grandes efectos.
Cuando uno escribe desde la provincia ¿con qué firmeza lo hace? Quiero decir, si es contundente. Lo primero es cuánto se ha leído. Cuentan la dedicación y el trabajo diario; lo mismo que el ambiente y la crítica. Habría que decir que hay que escribir a palos, por las desventajas en que estamos. Hay que salir y emigrar muchas veces. Distinto es aquel que viene de fuera, de un país que tiene los alcances de la lectura, el ocio y tiempo libre, y que en general ya es un escritor, por ejemplo, los ingleses que han venido a Oaxaca.
El ingenio, la mentira, la imaginación, el sueño, son elementos diversos del habla, de la palabra que se convierte en cuento, hablado o escrito, pero lleno de sentido hacia el oyente o el lector. ¿Cómo quieres escuchar un cuento, oral o escrito? Contar un cuento, escuchar un cuento, leer un cuento; un cuento que ayude a la emoción y a los sentidos en un momento. Lo que tenemos por riqueza en esa expresión en castellano actual es el apuro y el esfuerzo de una reunión en un solo libro, diverso, eso sí; una dispersión que requiere unidad, este es el intento de esta antología. Queremos hacerlo valer mediante este libro por encargo de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, como la aventura de buscar caminos a la lectura entre los estudiantes y entre un público más general. Suena hasta elegante pronunciar “el cuento oaxaqueño”, por decir del cultivo de este género en nuestro medio.
Así como los pueblos y las pequeñas comunidades de Oaxaca, todas las culturas en todos los tiempos han tenido la necesidad de componer cuentos; personajes que saben usar la palabra y desplegar el ingenio para contar las cosas, porque saben que con ello se produce un particular estado de ánimo entre la gente, formando tradiciones, cultura y educación; y es el cuento una forma de elaborar esta sensibilidad social. Primero fue mediante la palabra oral y después mediante signos se hizo por la escritura. El cuento es la manera más antigua de contar un suceso o una historia, que puede agradar además a los sentidos del escucha. Es difícil que cualquiera de nosotros en Oaxaca no haya escuchado un cuento en su infancia de boca de los mayores, quiero decir, crecimos en una tradición de mitos y leyendas orales. Los relatos son divertimentos en el campo, al escribirse se convierten en cuentos y dan lugar a los libros. Los niños siempre piden que algo se les cuente; las noches siguen cumpliendo su función original de contar historias; en la lengua que sea.
El cuento ha sido el más recurrido de los géneros en nuestras tradiciones; en lo oral se dice contar una historia; por otra parte, el tema de lo sobrenatural es uno de los más solicitados pero menos escrito. Porque el cuento moderno se inclina hacia otros temas. Oaxaca es una referencia literaria, en la poesía, en la novela, el ensayo y el cuento, que nos señala una riqueza particular de cultura. Una antología no es una totalidad, pero en lo general es una muestra, una selección particular a partir de lo existente y a prueba de tiempo. También la función narrativa en el cuento está hecho de tiempo, de hechos, personajes y de ambiente.
¿Quiénes son algunos de nuestros cuentistas? ¿A qué temas de Oaxaca han recurrido nuestros escritores e incluso aquellos no nacidos entre nosotros? Ricardo Flores Magón que tanto escribió en cuestiones políticas e ideológicas, también escribió cuento, con un tema del mismo carácter como aquí lo vamos a encontrar, y que es anterior a la Revolución. Porque nuestra literatura moderna comienza a partir de este movimiento, como en el caso de José Vasconcelos. Curiosa es la diferencia con Andrés Henestrosa, por escribir literatura oral de los mitos y leyendas de una antigüedad mesoamericana.
El tema central de esta antología es Oaxaca, bien por los escritores oaxaqueños, o por aquellos que han llegado a esta tierra y se han inspirado en ella. No hemos notado muy bien la riqueza que se produjo al conjuntarse las lenguas, los giros en cada región o pueblo, las ciudades ya en sentido más moderno. La Revolución, la comida, el magisterio, el campo; siempre algo encuentra su referencia con el mundo precolombino.
Reunir una serie de voces que del cuento dan razón en Oaxaca es un hecho interesante, apasiona porque es algo que viene del mismo origen de las cosas. Cuentos de Oaxaca, y tal vez sea más lo que no está escrito, pues la temática del cuento en Oaxaca debe ser muy antigua, comienza con la tradición oral, y es por sí sola una antología imaginaria del sueño y la invención y que puede ser lo primero y lo más antiguo. La tradición de los biniguláza o zapotecos, por ejemplo, o los mixtecos, los mixes, los zoques, nos han impregnado su lenguaje y su influencia, como la lengua náhuatl, que tanto ha influido, nada más en los nombres de pueblos, ciudades y las cosas, tanto en los nombres de las deidades. Así se escuchan las versiones del Rey Condoy entre los mixes; La Donají en los Valles; Ita Andehui en la Mixteca; es una literatura latente sin autoría, sino de diferentes versiones. Aunque esta antología no pretende una reunión geográfica o regional, sino personalizada de los cuentistas oaxaqueños; e incluso de extranjeros que han tomado Oaxaca en su temática.
¿En qué lenguas escribimos actualmente? ¿Qué o cuál imaginación nos guía para escribir? Puesto que esta antología solo pretende reunir obra o cuento corto, en español, decimos que es la manera más universal de la escritura, muy a pesar de nuestra riqueza en lenguas y cultura, ello va muy apreciado. Advertimos que el objeto es la comunicación y el encuentro del género corto.
Hoy habitamos un Estado de muchas lenguas, incluyendo desde luego al propio castellano del siglo XVI hasta nuestros días en muchas comunidades, compartiendo el náhuatl. Son muchos los autores que habría que mencionar, pero hay limitaciones. Hemos recibido la influencia de escritores extranjeros que han vivido y escrito desde nuestro lugar. Escritores no oaxaqueños que también nos han dejado huellas literarias: D.H. Lawrence, Malcolm Lowry, Italo Calvino; de este último incluimos el cuento que refiere especialmente sobre la comida.
Muchos escritores extranjeros han pasado por el sureste de México, los ingleses han tenido un particular afecto a Oaxaca como muy pocos y que han viajado por nuestra tierra, novelistas, poetas y cuentistas: D.H. Lawrence, Malcolm Lowry, Graham Greene, Aldous Huxley, Seamus Heaney, Robert Valerio. Luego uno podría preguntar, ¿y qué hemos tomado de ellos en la lectura y la creación? Más bien son ellos quienes se han inspirado de nosotros, desde esa mirada en que nosotros no podemos mirarnos de la misma manera.
Y no es que los oaxaqueños no escriban, sino que el esfuerzo es mayor sin grandes lecturas, cuando se hace sin profundizar en las cosas, en la ficción que exige la escritura actual. Tampoco tenemos al lector exigente, o la crítica. La temática nos gana, la persistencia luce un momento y se apaga; se corta la continuidad. Sin la lectura continua la obra se resiste a salir de la pluma. También parece haber una pereza imaginaria para escribir. Las regiones mantienen sin embargo su oralidad creativa. En la tradición oral del Istmo existe un género regional llamado “mentira”. Muchos han escrito mentiras, como Gabriel López Chiñas, Alejandro Cruz, Enedino Jiménez, Víctor de la Cruz, que lo han tomado de la tradición oral, de los propios mentirosos sin saber escribir; y merecen ser considerados en exposición aparte.
No es una clasificación por regiones, ni por edades, ni tendencias; no se excluyen estos criterios que sería deseable; comienza más bien con el siglo XX con la detonación revolucionaria. El principio de siglo son ya momentos de la Revolución; es Ricardo Flores Magón quien da inicio con ello, escribiendo relatos y propagandista.
El cuento tradicional o popular es el padre de todos los cuentos, de ahí viene el nuevo cuento, o cuento moderno o literario. El primero se distingue por no tener autor, nace oral y se hereda por generaciones. El cuento literario se presenta escrito y con autoría. Pero ambos son de carácter imaginario; encantamiento original.
Entre los autores más cercanos y más conocidos en los últimos años, se encuentran Andrés Henestrosa y Gerardo de la Torre. El primero hace una reconstrucción poética del mito y la leyenda; el segundo se inserta en una visión menos tradicional o regional, habla de la vida moderna y la desigualdad social. Ambos salen de su lugar de origen y llegan a la ciudad de México en diferentes épocas; se abren al panorama universal. Que no es lo mismo escribir desde el mismo lugar de origen, aunque esté la historia oral, pues se ha necesitado de una conexión con la lectura de los autores clásicos o universales. Pues la literatura es una forma de conciencia; tanto leer como escribir cambian a la persona. Víctor de la Cruz y Arnulfo Mendoza, combinan lo escrito y lo oral en el mito zapoteco, el primero escribe y el otro relata. También Macario Matus sabía escuchar lo que la gente contaba; escribía de manera muy breve.
No deja de ser un enorme afecto personal por Oaxaca el que a uno le toque en algún momento, componer o armar estos cuentos de diferentes escritores; unos han sido influidos por otros, dicha influencia ha jugado un papel de gran importancia y debe permanecer entre nosotros, cuentistas o no; otros incluidos son escritores muy conocidos en las mismas cuestiones literarias. Algunos con su permiso y otros no, pensando en que la Universidad no necesariamente tiene que hacerlo, por el simple hecho de la difusión de la cultura y no con fines comerciales. Y esto mismo adelanto a decir el agradecimiento del esfuerzo intelectual de su trabajo.
Con esto lo que podemos afirmar es la existencia de una tradición cuentística de lo oaxaqueño, nacida de lo oral y continuado de manera escrita. Los escritores de cuento más recientes han procurado una creación mucho más personal, entre los muchos continuadores destacan por su efectividad, Israel Castellanos, Abelardo Gómez, Azael Rodríguez y Víctor Armando Cruz Chávez; también confían en su personalidad imaginaria Jorge Pech y Cuahtémoc Peña, sin olvidar la maestría de Fernando Solana. En muchos otros está de igual manera la continuación del hecho literario del cuento.
Lo dicho al principio, estamos ante el esfuerzo de muchos para decir que hay un cuento oaxaqueño. Quienes lo hayan hecho, estos son ejemplos de la palabra escrita con el mayor esfuerzo, que tal vez ninguno pensó estar al lado de otro alguna vez, como lo dejamos demostrado esta vez. Queremos decir que esto de ninguna manera limita a nuestros autores para hacer de su obra simplemente una literatura local, lejos de un mero regionalismo. Lo que la literatura hace es conectarnos a lo exterior; nos representa, pero nos libera de su propio origen; nos puede llevar a cualquier latitud. Nuestro tiempo es de exigencias. Decíamos que el punto de partida es la temporalidad. En la Revolución se define un nuevo impulso literario y es Ricardo Flores Magón, quien propicia esta visión, tal vez más como propagandista y de conciencia política, que como empeño literario. Y con él se abre esta antología. Que el lector juzgue tales empeños.



Y ahora leamos uno de los breves salido de la pluma del literato Azael Rodríguez Miranda. Extraño cuento, pero ortodoxo por lo demás...



NOTICIAS DE LOS BELELI
AZAEL RODRÍGUEZ

Los beleli fueron un pueblo numeroso y combativo; ahora son pocos. Su temperamento, con el apresurado paso de los días, se ha vuelto pacífico, meditabundo, a tal grado que sus varones principales se jactan de haber respondido toda su vida a las agresiones de sus enemigos con sonrisas enigmáticas y desestabilizadoras, y de no conocer espada o instrumento o máquina alguna que pudiera servir, así fuese indirectamente, para el despreciable ejercicio de la guerra. Profesan una religión vagamente musulmana y Marco Polo, en página feliz, pondera su hospitalidad y su pericia culinaria.
En los buenos tiempos, Elí el Fatalista, su mítico rey, llegó a tener 60 mil súbditos diseminados en cientos de islas, entre la India y Madagascar. Actualmente viven en Lucía, un peñasco de origen volcánico, situado al suroeste del mar de Andamán, en el ecuador terrestre, en el ombligo del océano Índico.
El más reciente censo de los beleli, en el año 1377 de la Hégira, nos informa que su población total es de 19 habitantes, divididos o agrupados en tres clases sociales:

a) el rey —conocido como el Aisén—, que tiene el carácter de Hijo de la Noche, además de los títulos de Gobernador de los Dátiles y Siervo de la Espiga;
b) la corte, integrada por las cuatro esposas del aisén y sus dos hijas y cuatro hijos (los cónyuges de estos últimos no son parte de la corte), y
c) el pueblo, compuesto por ocho personas.

Hasta donde se sabe, el aisén de los beleli es el único monarca que tiene la obligación legal de saludar diariamente a todos sus súbditos en forma personal, lo que suele hacer a media tarde.
Sus leyes también establecen que sólo el Siervo de la Espiga tiene derecho a no trabajar. Pero se ve obligado a hacerlo, y del alba al ocaso —en la pesca, como el resto de sus coterráneos—, porque en Lucía, aislada por un mar infestado de tiburones tigre y por la falta de ambición del temperamento nativo, escasea mucho la mano de obra. Éste es uno de los principales obstáculos para lograr el pleno desarrollo de la economía y el comercio belelenses, por lo que el aisén actual toma ya cartas en el asunto y se muestra cada vez más partidario de las medidas drásticas.
El otro obstáculo principal son las hambrunas periódicas.
En el magro suelo de Lucía la agricultura es imposible y sus habitantes viven del mar. Del mar vienen la alegría y la catástrofe. Los cardúmenes del matute listado de cola negra1 —de los que el pueblo beleli se alimenta casi exclusivamente—, por causas desconocidas aún, cambian sus rutas migratorias de cuando en cuando. Cada vez que esto sucede, los isleños se ven obligados a alimentarse del pescado seco disponible y luego de hierbas y ralees, hasta que encuentran la nueva ruta. En el intervalo fallece a veces más de la mitad de la población.
Por estas fechas debe encontrarse ya en el parlamento —compuesto por todas las mujeres del reino, quienes por cierto se han declarado conservadoras al respecto— una iniciativa de ley enviada por el Hijo de la Noche, en la que se considera una agresiva política de población que tiene como objetivo primordial colonizar la parte sur del océano Índico con millones de sonrientes y contemplativos beleli —con la esperanza de que las futuras generaciones encuentren otras fuentes de alimento menos caprichosas, quizás en otras geografías—, emulando esplendores de épocas más gloriosas, antes que la próxima hambruna los merme en forma definitiva.

1Pez acantopterigio, de carne comestible y delicada, que llega a alcanzar los 3 5 metros de largo. Anualmente huye del invierno del mar de Corea y se refugia en las cálidas aguas de los alrededores de Madagascar (N. del E.)